Si, lo reconozco. Odiaba Salamanca. Es una ciudad que te atrapa con sus brazos de encanto y no te deja crecer y avanzar. Es una ciudad plagada de recuerdos en cada esquina, embutida de gente, llena de viejos carcas, de canis, de zorras y zorros, de yonquis y alcohólicos... ahí solo hay fiesta! Vives tus mejores años mientras estás estudiando precisamente por ello, no haces mas que fiestear y fiestear, pero... y cuando todo eso acaba... ¿luego que? ves como todos se van marchando y tu quedándote cada vez más solo... Sustituyes esa soledad con nuevas amistades, a las cuales acabas queriendo tanto como a las antiguas, pero... que hay de tu futuro? No, no lo hay. A no ser de que baje el Santo a besar tu frente, olvídate, o se el mejor camarero del mundo... Aunque ahora hay que hacer oposición hasta para ello.
Resumiendo, que solo te queda la fiesta: la fiesta para disfrutar, la fiesta para olvidar, la fiesta para trabajar... ¿que te aburres? te vas de fiesta. ¿Tienes morriña? pues de fiesta. ¿Que estas triste y solo porque te ha dejado tu novia y las chicas no te quieren porque hueles raro? pues vete de fiesta que para eso estás en Salamanca, no tardará mucho en picar alguna (con los chicos mas fácil aun señoritas... nos tenéis que quitar con matamoscas)...
El caso es que un día te levantas y decides que te tienes que marchar como sea, que La Ciudad Dorada, Roma la Chica, La Ciudad de la Cultura, ya te sobra. Ya no tienes mas que rascar de ahí. Y te pones a mirar destinos por todo el mundo con una ilusión enorme. Pero... CHAN CHAN, Madrid se cruza en tu camino... Si había algo que odiaba más que mi ciudad natal, era la capital. Una ciudad enorme con un montón de oferta cultural, si, pero tan fría que parece mas que el centro de España el de la Antártida... Metro, atascos, agetreo, estrés, horas punta, carreras por las calles, por los andenes, empujones, sueldos de mierda y precios parisinos, carteristas, y lo peor de todo... anonimato. En Salamanca todos nos conocemos, todos nos caemos bien o mal, o las dos cosas, es como un pueblo enorme, pero en Madrid solo eres el cretino que se cruza con otros miles de cretinos a lo largo del día...
Aun así, yo me pasé los últimos meses deseando que llegara el momento de marcharme, y los últimos días acojonado, melancólico, triste y realmente jodido por tener que dejar mi vida, mi gente, mi lugar en el mundo y comenzar a labrar un nuevo camino sabiendo que gran parte del edificio tantos años levantado y mantenido, debía ser demolido de golpe y porrazo. Todo menos ilusión, y un vacío enorme en el alma. Es cuando comienzas a ver que Salamanca no es solo fiesta y fiesta y un poco de fiesta, es el lugar que me vio nacer, el lugar que me diseñó y convirtió en lo que soy ahora (para bien o para mal) y es el mejor lugar del mundo entero, con sus edificios dorados de Piedra de Villamallor, con sus calles estrechas y llenas de gente a ciertas horas, sus cielos estrellados (si, eso si son estrellados, creedme) con sus no poder dar dos pasos sin saludar a alguien aunque ni siquiera te caiga bien, su Universidad tan tan antigua y tan echada a la mierda últimamente, sus perroflautas, sus canis, sus yonkis y sus zorros y zorras, sus toreritos, sus gilipoyas en general, y sobre todo, mis gilipoyas, esos a los que echo de menos cada instante que paso en esta tierra helada y hostil... Realmente es una ciudad preciosa, pero lo que la hace ser tan encantadora es su gente, y lo que le hace inigualable... mi gente.
Así, poco a poco voy comenzando a labrarme un pequeño futuro y un mundo en el centro de la Españistán, capital del inframundo, y día a día compruebo que tampoco está tan mal, se puede sobrevivir, incluso hay gente que no es gilipoyas... Las chicas no están tan buenas como en Salamanca, pero hay más cantidad...jajajajaja, del dinero no quiero ni hablar. Bueno, más adelante. Y además ayuda saber que puedes acercarte los fines de semana porque al fin y al cabo, está a tiro de gapo.
Sin más, me presento:
Hola, soy Elvis, y soy Salmantino.